
El precio de una limpieza no lo marca el tamaño de la campana, sino el recorrido del aire. En Reus es habitual ver cocinas de veinte metros en fincas antiguas donde el conducto se estira entre almacenes y patios interiores hasta asomar al tejado. Ese trazado largo es lo que dispara el presupuesto, porque obliga a desmontar más tramos, limpiar más superficie interna y acceder a puntos complicados. Dos locales con campanas idénticas pagan cifras distintas si uno tiene un tiro vertical corto y otro debe vencer cincuenta metros de giro y distancia antes de llegar a la boca de descarga.
Al desglosar el presupuesto, cada partida responde a esa geometría. La campana y el plenum —la caja de distribución superior— llevan su propio coste, pero son los metros lineales de conducto los que pesan. Abrir registros, retirar filtros de lamas y mallas, y limpiar turbinas requiere tiempo extra si el acceso es difícil. Aplicamos espuma alcalina caliente y cepillos rotativos en los tramos rectos, mientras que en codos y reducciones trabajamos a mano para quitar la grasa pegada. Así entendemos por qué la longitud manda sobre el volumen de cocina.
Las partidas que aparecen en un presupuesto de extracción
El presupuesto se desglosa en conceptos claros para que sepas exactamente qué pagas. Empieza por la campana y el plenum, esa cámara de aire situada sobre los filtros donde se acumulan los humos antes de entrar al conducto. Sigue con los filtros de lamas y mallas, que se desmontan e introducen en cubas con producto alcalino fuera del local. Se contabilizan los metros lineales de conducto trabajados, dato clave en locales pequeños con recorridos largos hasta el terrado.
Se añade la apertura de registros, esas tapas de inspección necesarias si el trazado no permite limpiar todo desde un punto único. También incluye la turbina, explicada como el conjunto de rodete y voluta que mueve el aire. Cierra el informe final con fotos comparativas. Separar cada línea permite comparar intervenciones futuras sin confusiones: si cambia el recorrido o el estado de una pieza, verás el impacto real en la factura, ajustado a tu instalación concreta.
Cuántas horas se van en los codos y en los cambios de sección
Un tramo recto de conducto se limpia rápido. Metemos el cepillo rotativo, que es una cabeza con cerdas girando acoplada a varillas flexibles, y en minutos queda despejado. El problema llega cuando hay codos —esas curvas de noventa grados donde cambia la dirección— o reducciones, que son los estrechamientos antes de la bajada vertical. Ahí el cepillo no entra bien y toca rascar a mano, paño con paño, aplicando espuma alcalina caliente para aflojar la grasa pegada.
Cada giro bajo un forjado antiguo exige abrir su propio registro, esa tapa metálica para acceder al interior. Una cocina del centro con tres cambios de dirección y una reducción antes del vertical lleva más horas de trabajo que otra con el doble de metros lineales sin curvas. La diferencia entre dos presupuestos parecidos sobre el papel suele estar ahí: no en la superficie de la campana, sino en cuántas veces tienes que parar, desmontar y limpiar a pulso ese recoveco difícil de alcanzar.
Cómo influyen la altura de la turbina y el acceso al terrado
Subir a un terrado en una finca de cuatro alturas lleva su tiempo. Hay que coger la escalera comunitaria, montar la línea de vida para no arriesgarse y subir los botes de espuma alcalina o las bolsas con los filtros hasta arriba. Eso son horas de trabajo que nadie ve cuando mira la campana limpia, pero que están ahí, reflejadas en el presupuesto. En cambio, si tienes un local en planta baja con acceso directo a tu propia cubierta, esa partida casi desaparece. El material entra y sale rápido, sin complicaciones logísticas ni esperas.
Por eso, antes de darte un precio cerrado, comprobamos cómo se accede al tejado. No es lo mismo trabajar en el Mercat Central, donde el trazado del conducto puede recorrer cuarenta metros por patios de luces y medianeras, que hacerlo en un bajo comercial de Raval de Santa Anna con salida directa. La altura de la turbina y la dificultad para llegar a ella cambian por completo la operativa. Si no medimos el acceso in situ, el coste real de mano de obra queda desfasado. Así que la cinta métrica y la subida a la cubierta son parte esencial de nuestra visita previa en Reus y alrededores.
Qué cambia en el importe si el tubo lleva una década cerrado
El estado de partida es lo que más mueve el importe. Un conducto sin abrir en una década no es un tubo limpio: tiene depósito cocido pegado a las paredes, carece de registros para acceder al interior y, muchas veces, incluye tramos que nadie recuerda porque no aparecen en los planos antiguos. En fincas del Raval o zonas como Mas Abelló, el recorrido puede ocultar giros complicados entre medianeras que obligan a trabajar sección por sección.
Para saber qué hay dentro, hacemos una inspección con cámara antes de presupuestar. Así localizamos obstrucciones reales y decidimos dónde hace falta cortar la chapa para crear accesos. Si nos saltamos este paso, la primera factura crece cuando descubrimos sorpresas sobre la marcha. Con el vídeo revisado, podemos cerrar el precio sabiendo exactamente cuántos metros limpiar, cuántos registros nuevos habilitar y qué herramientas usar en cada curva.
Por qué la primera limpieza del conducto cuesta más que las siguientes
La primera intervención en tu local suele llevar más horas de las que esperas. No es porque seamos lentos, sino porque el conducto está cerrado por dentro y por fuera. En cocinas pequeñas del Raval de Santa Anna o del Barri Fortuny, con tubos de cuarenta a sesenta metros que suben hasta el terrado pasando por patios de luces, hay que abrir accesos nuevos donde no los había. Ese trabajo de chapa y la retirada de grasa acumulada durante años pesan mucho en la factura inicial.
Lo importante es que esos registros quedan abiertos para siempre. Ya no tienes que picar paredes ni desmontar tramos enteros cada vez. A partir de ahí, el mantenimiento cambia. Entramos con cámara y cepillo rotativo sin tocar nada más. El interior ya es visible y accesible, así que limpiarlo lleva menos tiempo. Si sigues la norma UNE 100165, ese recorrido deja de ser un problema oculto y pasa a ser una ruta marcada.
Pensar en esto como un gasto único asusta. Es mejor verlo como repartir el coste. Una limpieza programada trimestral o semestral sale mucho más barata que esperar a que la creosota —esa costra negra y pegajosa— tape el paso y obligue a una intervención de urgencia. Así, el presupuesto no se dispara en enero por una avería, sino que se diluye en cuotas pequeñas durante todo el año.
Qué datos pedimos por teléfono antes de ir a medir la instalación
La primera llamada al 690 22 09 44 no es para pedir un presupuesto rápido, sino para entender qué nos vamos a encontrar. Necesitamos saber qué tipo de cocina tienes y qué cocinas realmente: no es lo mismo una freidora de bar que un asador de leña, porque el humo y la grasa se comportan distinto. También preguntamos por los metros aproximados del conducto. En Reus es común ver cocinas de veinte metros cuadrados donde el tubo sube cuarenta o sesenta metros entre almacenes, patios de luces o medianeras hasta asomar al terrado. Ese recorrido manda más que el tamaño de la campana.
Añadimos datos sobre la altura de descarga y cuándo se limpió por última vez. Con esa información ya orientamos si hace falta una intervención completa de desengrase o basta con una revisión puntual. No te daremos la cifra cerrada por teléfono; eso llega después de subir a cubierta y medir el trazado con cinta. Así evitamos sorpresas y ajustamos las partidas reales: filtros, registros, turbinas y bocas de descarga según lo que exija tu instalación concreta.